El último anuncio de Telefónica (plantear un ERE que despide a miles de trabajadores mientras suben exponencialmente los beneficios y las retribuciones de sus directivos) es un ejemplo paradigmático de lo que el capitalismo, -feroz, desalmado y sin complejos-, está provocando en nuestra sociedad.
La mayor empresa multinacional de origen español, sigue al dedillo las líneas de actuación de cualquier déspota que se precie: desde su privatización llevada a cabo por el PSOE de Felipe González y amparándose en un mercado oligopólico de falsa competencia, ha venido practicando recortes en su plantilla fija, mientras empeoraba la calidad de atención al abonado , encarecía los productos y practicaba – sin el más mínimo escrúpulo- la explotación laboral en los países menos desarrollados donde actúa (salvo en Venezuela, porque, entre otras cosas, le tienen retenida la expatriación de ganancias).





